Feliz a tu lado

De acuerdo, esto no ha funcionado. Pero, increíblemente, ese es el factor que menos me preocupa. Hay alguna advertencia del destino a la que no le hemos prestado atención, enamorados, se ha paseado por nuestro universo particular, y no hemos cultivado nada más que ese sentimiento mutuo con los párpados  cerrados. No afirmo que sea malo, porque cada final implica un nuevo inicio, un nuevo respiro, una nueva emoción. Es posible que este desenlace se deba a que somos dos genios que nos anulamos el uno al otro. La preocupación por los insultos, los enfados o las horas mudas es mínima; sé que esas nubes de tormenta se las llevará el tiempo. Opuestamente, sé que voy a encogerme en mí misma sobre las sábanas al recordarte, al susurrarle a la oscuridad de la habitación “Joder, qué bien estuvimos juntos”. Eso es lo que va a permanecer, porque desde el momento en el que te di mi mano diciéndote “Quiero que formes parte de mi vida”, supe con total claridad que ibas a hacerme feliz. En un abrazo, en una hora, en un año… Tampoco me importó cuánto ni cómo, solo sabía que iba a ser feliz a tu lado.