Los caminos se bifurcan

Los caminos se bifurcan. Todo aquello por lo que nos hemos ilusionado ha concluido. Todas las falsas promesas se han hecho añicos. Noches en vela, instantes breves en los que me acogías en tu cariño, momentos de excitación por encima de todo, sentir resbalarme por el moho de las paredes de un oscuro y profundo pozo en cada ocasión en la que te hablé y no recibí respuesta alguna, sueños centrados en ti, pesadillas protagonizadas por ti, felicidad pero también miedo, una inseguridad descomunal que no se sobrepuso a la inexplicable confianza que te tengo… Hasta perder el norte, hasta ser capaz de hacer cualquier cosa por ti. Siempre ocupado, nunca tuviste más que apenas minutos para mí; minutos de hacer conmigo lo que te apetecía, como te apetecía y donde te apetecía. Aseguran que hay que quedarse con la parte buena de las cosas. Yo me quedo con el recuerdo de cuando todo empezó, de cuando nuestros secretos y nuestra intimidad latían al ritmo de nuestros cuerpos haciendo el amor. Me quedo con el temblor de manos que sufría cada una de las noches mientras, antes de salir de la habitación, aplicaba rímel a mis pestañas esperando que te fijaras en el verde de mis ojos. Fuiste mío, por instantes, pero lo fuiste. Y aún te debo las gracias por pegarme tan violentamente, por abrirme los párpados a este mundo suprimiendo los estúpidos cuentos de príncipes y princesas, por obligarme a fabricarme el más fuerte de los escudos en mi instinto de protección antes de volver a recibir ningún otro golpe estando desnuda y vulnerable. Sé que no vas a desaparecer jamás de mi vida después de haber grabado lo más íntimo de tu cuerpo en mi interior, pero ahora me siento fuerte, muy fuerte. Que los caminos se bifurquen, que no me atemoriza tener que andarlo sola, que voy a enfrentarme a todo aquel que intente hundirme. Porque ahora soy un alma guerrera.

Ángel

Ver las nubes pasar, escuchar el viento silbar entre los llantos de las hojas al desprenderse de las ramas que les han dado la vida, sintiendo alejarse de sus raíces. El frío amenaza destruyendo cada latido, excepto el de esas alas. Nada ni nadie es capaz de aniquilar una emoción tan viva, una emoción tan intensa, la que nace en mi pecho cada vez que me anclas los ojos, en cada ocasión, pues es incontrolable. Nada ni nadie puede arrebatarme tus labios, porque puedo oír tu sangre llamándome a gritos en cada paso al distanciarme de ti. Nada ni nadie tiene la fuerza necesaria para ahogarme en falsos rumores que giren a tu alrededor, y si estoy totalmente segura de ello es por la evidencia del blanco puro que tiñe tu plumaje; de la paz que me transmite tu mano sobre mi hombro; de la protección con la que me absorben tus abrazos; de esos besos que, incluso sin tenerte a mi alcance, me recuerdan tu presencia porque están grabados y en el modo repetición sin pausa alguna; de ese preciado aro dorado que enfoca e ilumina tu tez, bañando en calidez la mía. Sé que nada ni nadie podrá robarme a mi ángel porque te llevo tan adentro que tendrían que arrancarme las entrañas para lograrlo. Y en el caso que consiguieran llegar a ti, sería mi misma mano la que me presionaría las arterias hasta el límite para poder subir al cielo contigo y no perderte jamás.