Que después del frío, vienen las flores. – Segunda parte.

… ¿Cómo arriesgo que mi sonrisa deje de latir por alguien que me siente como nada? Sí, un cuerpo perfecto, es decir, “nada” en mi idioma. Un frío, duro e inerte espejo puede expresarme mi imagen con más detalle que tus frases excitadas. Y no es esto lo que necesito. No aguanto más, me he agotado. ¿Cuidarme? ¿Maquillarme? Sí, para mí. Para sentir mi belleza. Para experimentar una inyección de satisfacción, felicidad, orgullo y amor propio. Voy a vestirme más elegante que nunca, voy a caminar con la espalda recta y firme, y voy a reivindicar el amor allá donde esté. Voy a gritar, voy a escribir, voy a cantar, voy a explicar. Explicaré mis emociones a cada rincón, levitando en la libertad de hacerlo. Expulsaré de mi cuerpo cada palabra desagradable. Eliminaré, mediante la magia de mis notas favoritas, cada instante de depresión…

Que después del frío, vienen las flores. -Primera parte.

Saber que, después de una tormenta, viene otra. ¿Y si me quedo sola? ¿Y si un relámpago me alcanza? ¿Aquí habrá terminado todo? Siento que hace demasiado tiempo que el Sol se me apagó. ¿El motivo? Soledad. He besado muchas veces, sí, pero ninguna no me ha besado a mí, no como yo necesito. ¿Cómo se hace el amor sin amor? Pues tan simple: se hace. Borras las letras de “amor” y “lo haces”. ¿Cómo puedo besarte, si sé que mi oxígeno va a depender del tuyo? ¿Cómo arrojo al vacío mi felicidad, esperando que allí abajo estés tú para empujarla a volar?…

“En silencio. En soledad.” Primera parte

Me opongo. Esto no es amar. No se ama por un peluche, unos bombones, un traje, un ramo de flores y una cena perfecta. Ni siquiera se ama en un “te quiero”. No. Se ama en silencio. Se ama en soledad. Te amo en todos los minutos que nuestras noches juntos se reproducen en mi mente en una película antigua rodada a imágenes estáticas. Tu rostro. Corte. Tus palabras. Corte. Tus labios. Corte. Tus manos desnudándome. Corte. Tu piel excitada. Corte. Me tocas. Corte. No quiero estar en ningún otro sitio con ninguna otra persona, solo existes tú. Corte. Entras en mi cuerpo, físicamente, por ahora. Corte…

Enamórate de mi Luna

“Bajo la luna”, página 18.

Ninguna no se atreve a decir nada. Cogemos nuestras botellas de agua, las llaves de las taquillas y nos disponemos a marchar. Me ha parecido oír que Ares me acaba de llamar, pero como no estoy totalmente segura de ello y sé que hoy no está de muy buen humor, ni me doy la vuelta.

-¡Estefi! – el entrenador lo dice más alto para que esta vez le pueda escuchar con claridad. Ahora sí, me giro para comprobar qué es lo que quiere-. Ven, tengo que comentarte algo.

Demasiado serio me está hablando. Veo cómo la última de mis compañeras desciende por la escalera abandonando la sala. Estoy sola ante Ares y me impone mucho. No me gusta esta situación, creo que incluso siento un poco de miedo. Me acerco a él con la cabeza gacha y sin pronunciar palabra.

-Te he estado observando… – Hace una pausa que me produce un aumento de los nervios mientras termina de recoger todas sus cosas, metiéndolas dentro de la mochila de gimnasio que lleva siempre. Por fin, se decide a seguir-. Tu manera de bailar es… es tan… no sé cómo expresarlo exactamente… es que no quiero herir tus sentimientos ni que te lleves una impresión equívoca de mí…

Más allá

Que la imposibilidad de conseguirte despierta la necesidad de tenerte.

Haré que la Luna salga junta con el Sol, sepultando la cobardía de quienes creen imposible enamorarte.

Lo que un hombre desea lograr, debería estar más allá de su alcance, más allá de su límite.

Sino, ¿para qué existe el cielo? Sino, ¿en qué otro lugar voy a buscarte?

Enamórate de mi Luna

“Bajo la luna”, página 13.

… Después de unos cuantos ensayos más, por fin se ha terminado. Mientras la lluvia me empapa la ropa y el pelo, de camino a casa, me invade una sensación de tristeza enorme. Se mezcla la persistente melodía en mi cabeza de la canción Waves de Mr Probz, la de nuestro primer baile, con los truenos, que parecen cada vez más intensos. No estoy segura si es debido al cansancio que se me empieza a llenar la mente con imágenes de aquella noche. Las lágrimas brotan de mis ojos sin remedio y noto que me falta el oxígeno, necesito parar…

Te amaré

Y te amaré cuando menos lo merezcas, porque de seguro será cuando más lo necesites.

Te amaré cuando escupas insultos.

Te amaré cuando llores.

Te amaré cuando “Nada” sea tu respuesta a mis “¿Qué te ocurre?”

Te amaré cuando sientas celos hacia otro de mis suspiros platónicos.

Te amaré cuando no quieras dirigirme la palabra.

Te amaré cuando desapruebes la longitud de mis piernas al descubierto bajo esa minifalda.

Te amaré cuando no me regales bombones por San Valentín.

Te amaré porque sé que me amas, y yo no soy nadie para juzgar si lo haces bien o mal.

Te amaré porque sé que me amas, aunque no lo hayas verbalizado nunca, pues no lo necesito.

Te amaré porque son tus gestos involuntarios los que evidencian que me amas, porque no puedes controlarlos como piensas las palabras antes de articularlas.

Te amaré porque el sentimiento de verdad es el que bombea esos impulsos.

Te amaré porque me amas.

Feliz a tu lado

De acuerdo, esto no ha funcionado. Pero, increíblemente, ese es el factor que menos me preocupa. Hay alguna advertencia del destino a la que no le hemos prestado atención, enamorados, se ha paseado por nuestro universo particular, y no hemos cultivado nada más que ese sentimiento mutuo con los párpados  cerrados. No afirmo que sea malo, porque cada final implica un nuevo inicio, un nuevo respiro, una nueva emoción. Es posible que este desenlace se deba a que somos dos genios que nos anulamos el uno al otro. La preocupación por los insultos, los enfados o las horas mudas es mínima; sé que esas nubes de tormenta se las llevará el tiempo. Opuestamente, sé que voy a encogerme en mí misma sobre las sábanas al recordarte, al susurrarle a la oscuridad de la habitación “Joder, qué bien estuvimos juntos”. Eso es lo que va a permanecer, porque desde el momento en el que te di mi mano diciéndote “Quiero que formes parte de mi vida”, supe con total claridad que ibas a hacerme feliz. En un abrazo, en una hora, en un año… Tampoco me importó cuánto ni cómo, solo sabía que iba a ser feliz a tu lado.